Javier Clemente ha sido prácticamente desde siempre un
personaje al que acompaña una permanente controversia. De esas personas a las
que las amas o las odias, sin término medio. Cierto es que es un tío auténtico,
que la mayoría de las veces dice lo que piensa y que en todos sus equipos
siempre trata de centrar la atención hacia su persona para restarles presión a
sus jugadores, y precisamente esta forma de ser y de actuar es la que provoca
los encontronazos con la prensa y la ya citada actitud extremista, ya sea de un
polo o del otro, hacia su persona. En cualquier caso, todo esto no impide
profesar al rubio de Baracaldo el reconocimiento que por sus logros deportivos
y su calidad como entrenador se merece, y yo rompo una lanza (y las que hagan
falta) en su favor.
Nacido el 12 de marzo de 1950, Javier Clemente comenzó su
carrera como futbolista en el Baracaldo, para pasar después a jugar con el
Athletic de Bilbao, equipo con el cual debutó el 18 de septiembre de 1968 nada
más y nada menos que contra el Liverpool en los 1/32 de la Copa de la UEFA,
partido que el Athletic ganó por 2 a 1.
